29 de noviembre de 2011

La bicicleta.

La vida, como en casi todas sus facetas pasa sin dejarte lugar a pensar,
simplemente pasa.


Sara se desperto un dia, un dia normal como cualquier otro, fue botando de una pared a otra con los ojos entre abiertos mientras intentaba quitarse el pelo de la cara, rogandole a dios que el cafe este preparado por arte de magia, esperandole tranquilo y reposado junto a unas tostadas que aplacaran la sensacion de vacio en su estomago, Sara vive sola, lo que implica que el cafe no estaba y las tostadas nisiquiera eran un proyecto.
Ella vive en un pequeño pueblo costero, un pueblo con orgullo con raza, de pescadores de gente afable y extraña, prácticamente aislados del mundo viven una vida que eligieron unos y aman otros. Donde las hojas del otoño caen donde quieren, y si prestas atencion encontraras el sonido perdido de la historia, de alguna fiesta que no acaba, de sus gentes murmurando, y del mar que todo lo envuelve.

A lo lejos una sirena desatasca la mente de Sara de un letargo dominguero mientras el cafe va impregnando con su aroma las paredes de la cocina, ella se arropa comoda con el edredón que vino arrastrando desde su alcoba, y desayuna tranquila. Poco a poco el despertar va posicionándose para dar lugar a un leve golpe en la mesa que anuncia el comenzar de un nuevo dia.

Sara tiene 26, es una mujer entera, independiente y fuerte, de trenzas afiladas, de palabras honestas, y de una ingenuidad que desconoce, ella posee 50 euros en la cuenta, media botella de vino y un jersey que su abuela le tejió para los dias frios.

Todos los domingos coge su bicicleta y sale a respirar, es su momento, su tiempo de relax, donde solo convive con el viento en su pelo, y el sonido de sus pensamientos, no tiene una ruta marcada, solo pedalea dejando que sea el camino el que la encuentre y no al reves. Deja que el sol empape sus mejillas sonrojadas por el frio otoñal, y llena los pulmones del aire puro que regala la vida de pueblo.

Ese domingo fue diferente, a veces el destino nos deja de improviso una parada en el camino, un peldaño que no conocíamos, o que no esperábamos para cortar nuestros pasos en este caso sus pasos.
De repente se encuentra en el suelo aturdida, encandilada por el sol y alertada por una vos desesperada que no reconoce, y que le habla con tono nervioso, y exaltado.

-Estas bien, no te vi, espera espera no te muevas,

A medias va retomando la conciencia se descubre en el suelo dolorida y mareada, preguntándose que ha pasado, y quien es este pesado que no para de hablar.

-oye tu no ves que vengo, acaso el permiso de conducir lo pillaste en facebook?

la reacción del chico fue instantánea, desde ese preciso momento el supo que su vida estaria ligada a la preciosa chica que tenia en frente, que no dejaba de protestar y gritarle mientras la miraba con una sonrisa timida, lo que hacia que ella mas se encarase.

{Sara *}

-nos vamos al hospital ya, que te vean,

-*que hago con mi bicicleta, yo no voy a ningun sitio con vos.

-he llamado a la ambulancia, pero tardan en llegar,

-*normal, si vienen pronto corren el riesgo de tener que trabajar curando a alguien, por el contrario se limitarian a decir, huy que pena se murio. Yo no voy a ningun hospital, me voy a casa, Y ME DEBES UNA BICICLETA!!!

-yo te llevo

-*no!!!

-mira como tienes la bicicleta, no iras andando,

-*me debes una bicicleta!!!

-lo se pero como te la hare llegar si, no se tu nombre ni donde vives.

-*tambien es verdad.

-*pues llevame entonces

-eso intento

La mirada de mal humor de Sara, fue de proporciones épicas, pero el la recibió encantado.

Tomas es un chico tranquilo, de gustos sencillos, humilde un poco loco, que intenta buscar la alegria en todo, se jacta de tener buenos amigos, aunque sabe que en el fondo la vida se vive de a uno, no cree en las relaciones, desconfía de la gente que solo busca a otro/a en este mundo, antes de buscarse a si mismos.
Tomas no tiene familia, fue perdiendo poco a poco a los que tenia a su alrededor, imaginando que la vida es asi. No se compra cosas, lo que gana lo gasta en sobrevivir en una vida que cada vez se lo pone mas dificil, no pose lujos, pero adora un libro no tan viejo pero que ya se mide en decadas, de hojas gastadas y dobladas, que hace años no lee, pero recuerda lo que aprendió, tiene un frasco con piedritas y objetos a priori sin valor material, que le recuerdan algunos momentos buenos de su vida. No le teme a nada, pero se asusta de las casualidades, y un tatuaje pequeño escondido le recuerda que no hay nada perfecto en este mundo, y eso le hace sentirce un poco menos triste.

Dos semanas exactas despues del accidente, Sara recibe un regalo muy especial, envuelta en lazo grueso de un color rojo intenso, cintas de colores en el manillar y una bocina enorme. No es lo que Sara esperaba, es mejor, aunque no se lo dice, disimula con cara de indiferencia, aunque en su interior se muere por subir y dar una vuelta.
Tomas se vuelve a disculpar y Sara hace un gesto apuntando al interior de su piso, diciendo Cafe?, tomas no podia disimular su alegria, todo apuntaba a que Sara, le estaba dando la oportunidad de redimirse, y de paso conocerle.

Todo surgio y se desarrollo a la velocidad que debía, una vez tomas entro en la vida de sara, ya no pudo salir, su corazón no le dejaba, su Sara, era la mujer por la que habia vivido dia tras dia una vida normal, por momentos apatica, que al encontrarla se transformo en toda una aventura sin final. Durante un mes le vendieron sonrisas a la vida, complicidad, y alegrias, Tomas olvido su direccion y Sara le hizo un hueco en su edredon, y alejados del mundo pasaron dia tras dia.

Sara comenzó a despertarse los domingos rodeada por un intenso aroma a cafe, que se acercaba por ese pasillo interminable hasta ella trayendo consigo una sonrisa una flor y el hombre que amaba.

Le pregunto como fue, si tubo alguien asi antes, y si sabia de que color eran los sueños, Sara le preguntaba mientras descansaba tranquila, en su pecho, Tomas le dijo que en la vida las cosas buenas hay que buscarlas, pero las enormes te arrollan, y sonrió jugando con su pelo, le susurra al oido, '' estas a salvo''. y ella le entrego su vida y su corazón, el le devolvió la mirada y con la vos calmada, le dice que no tiene dinero, solo pose su corazón, su cabeza y sus manos, ella le devuelve al oido un poema de bequer, y asi la pasión se transformo en amor, puro claro calido, que todo lo impregnaba de su dulce aroma, creando una vida digna de vivir, por amor.

Eran conocidos en las calles sus paseos en bicicleta, sus aniversarios con flores que compartian con todo el mundo, y la declaración de amor que año tras año tomas recitava desde la acera, como Romeo a su Julieta, mientras año tras año, Sara sonrojada y muerta de vergüenza escuchaba desde ese pequeño balcon.

Los años fueron pasando sucesivos y nunca hubo un amor mas grande, las cienes se volvieron plata con el pasar del tiempo y las manos ya no sostenían con la firmeza de la juventud, Sara ya no puede dormir como antes, se despierta exaltada, tiene la sensacion de que la gente habla a su alrededor, lo achaca a la edad, le preocupa olvidarle, lo calla no quiere que ese viejo loco que duerme a su lado se preocupe, y le mira dormir, le da gracias a la vida por el conocerlo, por todos esos años que compartieron, en su interior sabe, presiente que algo se acerca, que la eternidad tiene fin, y llora, y le da miedo, se aferra a sus manos y duerme.

El aire se vuelve raro, siente el sonar de una maquina a su lado, de repente ya no se siente comoda, no se reconoce, y el hablar confuso que oye, la marea, la preocupa, y llora, se pregunta que le esta pasando y no encuentra respuestas.

Tomas tiene 30 años, una vida modesta y la cabeza llena de sueños, el se sienta todos los domingos en la misma silla, en la misma habitación, y lee, le gusta intercalar los clasicos, con las obras actuales, el periodico, salvo los deportes, no le interesan en lo mas minimo, lee, y lee, todos los domingos, sin falta, tiene la necesidad de leer, de leerle a ella, se esconde de las miradas de pena, cierra la puerta y le cuenta su semana, lo arto que esta del jefe, lo gilipollas que le parece la gente en general, luego llora, y le pide perdon, le jura que se cambiaria por ella sin pensarlo, Tomas ya no conduce, utiliza una vieja bicicleta con cintas y una bocina enorme.

Sara repite el ritual de cada dia al despertar, se aferra a las manos de Tomas, intenta aguantar las lagrimas por no saber que le pasa, Sara se duerme entre lagrimas.

Un sonido invade la habitacion, el periodico se desarma a camara lenta entre sus manos, siente como el corazon palpita, retumba en las paredes de su pecho, ve como la gente corre a su alrededor, moviendo trastos de un sitio a otro. Y las miradas de compasión lo acosan, siente como el mundo gira, siente como su mundo se ha hundido.

Tomas es un chico callado, de ojos tristes, siempre lo podras ver en su bicicleta con cintas de colores y una gran bocina. Y si prestas atencion, podras oirlo leerle al mar cada domingo, hasta el mecer del sol.